Danzante del guancasco entre Gracias y Mexicapa
VOLVER A LISTA DE DESTINOS
Gracias, Lempira

La ciudad colonial de Gracias se encuentra ubicada en el departamento de Lempira, en el Occidente de Honduras. Es una de las ciudades más antiguas de Honduras ya que su fundación que se efectuó en tres momentos distintos, comenzó en 1536. Esto ocurrió en Opoa, un sitio muy cerca de donde se encuentra la actual ciudad. Todavía queda en pie, un muro de adobe de la primera iglesia colonial que se levantó.

 

La segunda fundación ocurrió al año siguiente por mandato de don Francisco de Montejo. Sin embargo, el asentamiento fue levantado y puesto en su tercer y definitivo lugar, tras haberse sofocado el levantamiento del cacique Lempira. Esta tercera fundación la realizó don Juan de Montejo el 14 de enero de 1539.

 

La importancia de Gracias se consolidó rápidamente, gracias a los abundantes recursos recursos naturales que poseía la zona. Para el año de 1544, se estableció en la ciudad la Audiencia de los Confines, la máxima autoridad administrativa española en las territorios que comprenden desde los actuales estados sureños de México hasta Nicaragua.

 

Con este nuevo estatus, Gracias comenzó a recibir la llegada de numerosos comerciantes  y autoridades eclesiásticas que transformaron su arquitectura y la estructura socioeconómica. Desafortunadamente, la bonanza duró poco y en unos cuantos años, la Audiencia fue trasladada a Antigua Guatemala.

 

Gracias es ahora una de esas ciudades dormidas que parece despertar de un largo y profundo letargo. Oculta a los ojos de los turistas y los empresarios, la ciudad se mantuvo discretamente aparte de las rutas turísticas y su comercio, básicamente local, apenas traspasaba las fronteras con el cercano país de El Salvador.

 

Sin embargo, en los últimos treinta años años, la zona comenzó a recibir numerosos apoyos por parte de organismos internacionales. GTZ, Visión Mundial, Médicos Sin Fronteras, Caritas, Cooperación Española fueron parte de esos organismos que lucharon para levantar la educación y las condiciones de vida. Y pareciera que finalmente, la semilla logró germinar.

 

En la actualidad, Gracias es una ciudad que comienza  a abrirse al mundo y desea mostrar todos sus tesoros naturales y culturales. Ubicada en las faldas del parque nacional Celaque, la ciudad cuenta con un gigantesco potencial para el turismo científico y  el ecoturismo. Con sus cuatro magníficas iglesias, casas, calles y haciendas coloniales, la ciudad cuenta con una riqueza arquitectónica incomparable.

 

Más importante aún es el invaluable valor del espíritu lenca que pervive en la ciudad y sus montañas cercanas. Bastión de la cultura lenca, Gracias una ventana a los descendientes del pueblo indígena más importante que encontraron los españoles al momento de su llegada.

 

Ahora, nuevos y modernos hoteles se construyen tratando de fusionarse con ese aire colonial tan marcado que la ciudad posee. Tours a las iglesias, a Celaque y a las comunidades lencas ya son una realidad y mucha gente llega a Gracias en busca de esa tradición que la ciudad mantiene. El futuro ha llegado.

 

Gracias es la ciudad más importante del departamento de Lempira y la llave para visitar las extraordinarias iglesias coloniales de los cercanos poblados de la Campa, San Manuel de Colohete y Belén Lempira. Quizás las iglesias coloniales más bellas de Honduras.

 

 

¿Por qué ir?

Gracias es uno de esos lugares que sorprende al visitarlo. Una callada ciudad que tiene mucho que ofrecer; arquitectura colonial, cultura lenca y una imponente montaña de Celaque son motivos más que suficientes para visitarla. Y si le queda alguna duda, vaya con Lorendiana a probar sus dulces de fruta y verá que tarde o temprano regresará a la que fue la primera capital de Centroamérica.

El editor recomienda

Gracias es una ciudad para ir con tiempo y deseos de escudriñar. Sus cuatro iglesias son callados monumentos nacionales que revelan detalles de una época colonial. Su guancasco con la aldea de Mexicapa es una de las costumbres lencas que sobreviven pese al paso de los siglos (diciembre y enero son los meses del guancasco) y que vale la pena proteger y conservar. Por otro lado, subir la montaña de Celaque podría significar un encuentro con quetzales, monos araña o chanchos de monte. Eso sin olvidar que aquí se encuentra la cima más alta de Honduras. Para aquellos con verdadera fortaleza física, el recorrido llevará unos ocho a nueve horas.

El espíritu de la ciudad

En las faldas de la montaña de Celaque, la más alta de Honduras, descansa una ciudad fundada tras la muerte del cacique Lempira, el último bastión de la resistencia indígena ante la conquista española. Asentada en su victoria y en las ricas minas cercanas, la ciudad se convirtió en muy pocos años en la joya colonial de la incipiente provincia de Honduras. Aunque el poder político duró poco tiempo en la ciudad, el espíritu colonial permanece hasta la fecha reflejado en sus costumbres, aires y arquitectura. La gente es callada y tímida, si se le compara con la exuberancia del costeño al hablar. Por otro lado, el pueblo lenca, descendiente de Lempira y sus guerreros, permanece en la zona dedicado a la alfarería y el cultivo de granos básicos y café.

Notas relacionadas

Comentarios