Ocotepeque y su cascada de nubes es una maravilla digna de admirar

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Ocotepeque es conocido como el tesoro del occidente. Es uno de los destinos más fríos de Honduras,  y es ideal para todo tipo de aventuras al aire libre. Este maravilloso lugar cuenta con una mezcla de colores, aromas, sabores, cultura y costumbres.

Una de las más agradables sorpresas al visitar este increíble departamento y lo que más cautivan al viajero es la cascada de nubes de Ocotepeque. Honduras es un país lleno de maravillas y es curioso observar este tipo fenómeno que se crean en el occidente de nuestro bello país.

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Es un fenómeno completamente natural poco frecuente donde varios lugares del mundo lo aprecian de forma esporádica. Como ser La Isla de  Palma en España, Valle de Sennongjia en china y en El portillo en Honduras. Aquí también nacen ríos muy importantes y una parte de la montaña de Celaque que es la más alta de la nación.

Ubicación

El Portillo, es un paso obligado de la carretera que comunica a Ocotepeque con la frontera de Guatemala. Es un lugar muy conocido en la zona y esta exacta, entre 20 minutos de Nueva Ocotepeque. Cuenta con una elevación que oscila entre los 2,000 y 2,400 metros sobre el nivel del mar, lo que logra que sea un clima muy fresco, permite que en el invierno las temperaturas bajen hasta cero grados.

Este bello lugar es el núcleo de reserva Guisayote, un encanto natural con el que cuenta Honduras, decenas de ríos, lagunas y cascadas que se encuentra en este lugar, así como el mayor banco de aves quetzales del país.

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Al ver las nubes que cubren grandes paraderas y que dejan poca visibilidad sabrás que llegó al bello paraíso del occidente. En el lugar se cultivan las mejores verduras, que también podrá comprar a la orilla de la calle o en tiendas de la ciudad.

Cascada de nubes en Ocotepeque

El grandioso fenómeno natural ocurre gracias varios componentes, el primero es la espesa vegetación y contribución de la evaporación de la Reserva Biológica El Guisayote. Reserva que cuenta con 140,88.33 hectáreas que es asiento de una enorme biodiversidad donde se destaca la presencia de quetzales resplandeciente. Otro de los grandes contribuyentes es la elevación promedio y la velocidad de los vientos.

En la parte posterior de la montaña se forma una especie de reservaron donde se acumulan las nubes y cuyo perímetro son una serie de picos de similar elevación, en la medida que el calor del día aumenta, las nubes ascienden  y comienzan a rebalsar.

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El espacio de El Portillo que las compone y confina. Es así que los filos de las montañas comienzan a ser invadidos por corrientes de nubes que bajan como cascadas cubriendo las pendientes adyacentes de la montaña. Todo un espectáculo que sorprende a los visitantes y a las personas que conducen por la carretera y por supuesto a los que viven en la zona.

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