Alfombras de aserrín, una tradición que llena de fe las calles de Honduras

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La Semana Santa 2019 ya comenzó y para muchos hondureños es un tiempo de reflexión espiritual durante el cual recuerdan la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. En estos días las calles son el escenario perfecto para la evangelización, especialmente el viernes santo. Este día el arte florece en diferentes ciudades de Honduras con las coloridas alfombras de aserrín.

Durante los últimos 50 años, estas alfombras se han convertido en toda una tradición de Semana Santa, pues cada año son más las ciudades que adornan sus calles principales con estas obras de arte. Entre esas ciudades se encuentran Comayagua, Tegucigalpa, Copán, Danlí, El Paraíso, Juticalpa, Gracias, Lempira y Santa Bárbara.

Estas expresiones de fe son capaces de capturar la atención de miles de personas que acuden al Vía Crucis el viernes santo, logrando que entren en un estado de reflexión, pues en sus imágenes se retrata la vida de Jesucristo.

“Una característica que posee esta tradición es que es un arte popular de carácter efímero. Pues en el pueden contribuir todas las personas, sin necesidad de ser especialista en arte”, explica el historiador Nelson Carrasco.

Por otra parte, el historiador agrega que es de carácter efímero porque su presencia en las vías públicas es corta.

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Trabajo hecho con devoción

Detrás de estas bellas y coloridas expresiones de fe hay un arduo trabajo realizado por jóvenes, adultos y niños católicos. Tal es el caso de Maritza Valladares, una joven católica del Movimiento Emproísta que está colaborando en la elaboración de las alfombras en la ciudad de El Paraíso.

Valladares le cuenta a Honduras Tips que se necesita trabajar con un mes de anticipación para lograr esos hermosos resultados. Y es que entre conseguir la cantidad de aserrín necesario, colarlo, teñirlo y diseñar los dibujos se deben dedicar varios días.

La talentosa joven explica que lo primero es colar el aserrín en la “saranda” o maya, para ello se necesitan aproximadamente cuatro días, pues deben asegurarse que este no quede con grumos o pelotitas. Luego de esto, comienza el proceso de teñido, que es un poco más largo y requiere de mucho cuidado pues se utiliza agua caliente. Cuando el agua esté hirviendo se le agrega la añilina del color que necesitarán.

Por último es mezcla la pintura con el aserrín para obtener el aserrín teñido. Valladares recomienda que antes de teñirlo se le ponga sal al aserrín, pues así será más fácil que este absorba la añilina. Este proceso se repite con cada color que se necesita, y según Maritza Valladares, en ocasiones tienen que combinar añilina de varios colores para obtener el que necesitan.

Finalmente se hacen las plantillas de los dibujos que servirán de guía para esparcir el aserrín y formar las alfombras. Estos se elaborar con papel manila, aunque también se pueden hacer con cartón, pues es un material más resistente.

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La tradición comienza en Comayagua

Según el historiador Carrasco, esta tradición nace en España con las procesiones del Vía Crucis, en el que las personas lanzaban flores en la calle por donde pasaba la procesión. Esta tradición llega a Guatemala en los años 50 y de Guatemala se extiende por El Salvador y Honduras, específicamente en Comayagua.

Esta joya colonial es la cuna de la tradición más pintoresca de Semana Santa. Esta tradición comenzó en 1963 por iniciativa de Miriam Mejía de Zapata, una salvadoreña que plasmó toda su arte y devoción en estas icónicas alfombras.

La primera alfombra que elabora esta devota católica fue en la entrada de la Catedral de Comayagua. El motivo que la llevó a realizarla fue el nombramiento de Monseñor Bernardino Masarella como obispo de Comayagua, después de pasar casi 100 años sin obispo.

Luego de esta alfombra que representaba alegría, Miriam Mejía pasó a elaborar una alfombra de aserrín frente a su casa cada viernes santo, pues por ahí pasaba el Vía Crucis.

Hoy en día, Comayagua es un importante destino del turismo religioso en Honduras, pues cada Semana Santa recibe a miles de turistas que acuden a su centro histórico para observar las hermosas alfombras que adornan sus calles y a la vez evangelizan a los visitantes.

 

 

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