Golfo de Fonseca: la joya del Pacífico centroamericano

En el Océano Pacífico centroamericano se ubica el Golfo de Fonseca, un lugar de variados e insuperables atractivos que hacen que el turista se enamore de él. Ubicado a tres horas de Tegucigalpa, capital de la República de Honduras, el Golfo de Fonseca es, sin lugar a dudas, la “Joya del Pacífico”.

Sol, playa, diversión, ecoturismo, protección de fauna, bosques de mangle, avistamiento de aves exóticas, senderismo en bosques nublados, arquitectura colonial, gastronomía y aguas termales son los principales atractivos que se encuentran a horas de distancia unos de otros.

 

A lo largo de la ruta del sol

Amapala, ciudad situada en la Isla del Tigre, es el lugar ideal para comenzar la aventura. Apreciar el amanecer desde la cima del cerro es todo un espectáculo. A más de 800 metros de altura, el panorama de las Islas y el reflejo del sol sobre el mar son sensacionales. Más de una decena de playas esperan a visitantes y, aunque el color de la arena es oscuro, la calidez de sus aguas, es insuperable; este color café se debe al origen volcánico de la región. El paseo en lancha por las Islas del Archipiélago no solamente es un refugio para aves exóticas sino que también para turistas que buscan playas tranquilas o que son amantes de la pesca deportiva.

Siguiendo la ruta del sol hacia el oriente, se pasa a tierra firme, donde hay otra decena de hermosas playas como El Venado, Los Delgaditos o El Edén. El cambio de tonalidades de colores de los atardeceres es un manjar para la vista y para los amantes de la fotografía. Nada mejor que hacer un alto en San Lorenzo o Choluteca para saborear la gastronomía local. Para los amantes de la arquitectura colonial, hay muchas iglesias antiguas, como la de Pespire, primera de Latinoamérica en contar con tres cúpulas.

En el extremo oriental del Golfo se encuentra San Marcos de Colón, ciudad de clima templado de ganaderos, artesanos y panaderos, pero que también abriga a la Reserva Biológica “La Botija”, con dos imponentes caídas de agua, antiguas minas de oro, árboles petrificados y hábitat del mono cara blanca.

 

El “Jardín del Edén”

El Golfo de Fonseca definitivamente es un paraíso ambiental. Seis de las once especies de mangle del mundo están en esta región. También es hogar para miles de aves migratorias, de belleza exótica como la Fragata Magnifica, Espátula Rosada y el Ibis Blanco. Entre mayo y octubre, la gira en la Isla de Pájaros, de la Bahía de San Lorenzo, es única; caminar entre árboles que cobijan nidos, aves recién nacidas y adultas, cuyos cantos son tan variados que inclusive se asemejan al gruñido del cerdo.

Así de inigualable es la gira a los centros de protección de la tortuga golfina. Caminar de noche y encontrar tortugas depositando huevos en la arena es conmovedor, ya que sus ojos liberan lágrimas durante este cansado proceso, el cual culmina con una pequeña danza circular, la cual compacta la arena sobre los huevos. Cientos de voluntarios apoyan la extracción de huevos y su colocación en nidos, donde, al cabo de mes y medio, las tortugas recién nacidas se arrastran en veloz carrera hacia el mar abierto. A pesar del bajo porcentaje de supervivencia, la fortaleza de estas criaturas es formidable, así como la manera misteriosa de regresar a poner huevos a la misma playa que las vio nacer. La Guacamaya, el venado y las iguanas también son otras especies protegidas.

 

El sonido del silencio

Los humedales y esteros con bosque de mangle son extensos, pero el paseo por los callejones de la Bahía de Chismuyo y la Bahía de San Lorenzo son inolvidables. La paz que se siente es especial, a tal punto que en medio del silencio, solamente se escuchan el canto de las aves, el salto de peces y el corto, pero fuerte, sonido de las conchas, que simulan un suave concierto de aplausos.

 

El potencial turístico del Golfo de Fonseca es grande, por eso, este rubro será atendido por SurCompite, un proyecto ejecutado por Swisscontact con el auspicio de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN).

 

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